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Oct 16, 2026

Una graduada de la UNSE investiga cómo utilizar la luz para controlar procesos biológicos

Destacadas, Investigación, INVESTIGACION

Delfina Jerez, becaria doctoral del CONICET y egresada de la UNSE, explicó los avances de la optogenética y su potencial para el desarrollo de nuevas tecnologías biomédicas. Su investigación se centra en proteínas que responden a la luz roja y podrían contribuir a crear herramientas de mayor precisión.

La posibilidad de utilizar la luz para activar o modificar el funcionamiento de determinadas células constituye uno de los avances más interesantes de la biología moderna. Esta tecnología, conocida como optogenética, abrió nuevas perspectivas para comprender el funcionamiento del cerebro y estudiar enfermedades neurológicas, además de impulsar investigaciones con potenciales aplicaciones en la medicina.

En ese campo trabaja Delfina Jerez, quien compartió detalles de su investigación durante una entrevista con Radio Universidad, a propósito de los descubrimientos vinculados con la optogenética. Explicó que esta técnica permite controlar procesos biológicos mediante proteínas sensibles a la luz. A través de herramientas de ingeniería genética, determinadas células pueden producir estas proteínas y modificar su actividad cuando reciben un estímulo luminoso.

Su principal ventaja es la posibilidad de intervenir sobre células específicas con una gran precisión espacial y temporal, de manera reversible. En el campo de las neurociencias, esta tecnología permite estudiar circuitos neuronales relacionados con la memoria, el sueño, las emociones, el aprendizaje y el comportamiento. También se utiliza en investigaciones sobre enfermedades como el Parkinson y la epilepsia.

“Podemos modificar experimentalmente la actividad de determinadas neuronas y observar cómo cambia una respuesta o un comportamiento”, explicó Jerez, quien destacó que estos conocimientos podrían servir de base para desarrollar nuevos tratamientos en el futuro.

APROVECHAR LAS PROPIEDADES

El trabajo doctoral de Jerez se desarrolla en el Instituto de Nanosistemas y se concentra en el estudio de los fitocromos bacterianos, proteínas que responden a la luz roja y roja lejana, cercana al infrarrojo.

A diferencia de muchas herramientas optogenéticas tradicionales, que utilizan luz azul, estas proteínas presentan características que podrían resultar especialmente útiles para futuras aplicaciones biomédicas.

“La luz roja puede penetrar más profundamente en los tejidos biológicos que la luz azul, porque sufre menos dispersión y absorción en determinados tejidos”, señaló la investigadora.

Esta propiedad permitiría reducir posibles efectos fototóxicos y ampliar las posibilidades de utilización de estas herramientas en sistemas biológicos.

En particular, Jerez estudia un fitocromo de la bacteria Xanthomonas campestris, cuya estructura cambia significativamente cuando recibe determinados estímulos luminosos.

El objetivo inicial consiste en comprender cómo se producen esas modificaciones y de qué manera afectan el funcionamiento de la proteína. Para ello, combina técnicas de biología estructural y biofísica.

A partir de esos conocimientos, la investigación busca avanzar en el desarrollo de una herramienta optogenética mediante ingeniería de proteínas, aprovechando esos cambios estructurales para controlar potencialmente otras funciones biológicas de interés clínico y biotecnológico.

“Esto puede abrir posibilidades para estudiar y, a futuro, regular procesos celulares de una manera mucho más precisa, con potenciales aplicaciones biotecnológicas y, sobre todo, biomédicas”, explicó.

HACER CIENCIA DESDE UNA UNIVERSIDAD PÚBLICA DEL INTERIOR
Además de compartir los alcances de su investigación, Jerez destacó el papel de la universidad pública en la formación de nuevos científicos y en la generación de oportunidades para los jóvenes.

Como egresada de la UNSE, consideró importante transmitir que es posible iniciar una trayectoria científica desde instituciones universitarias del interior del país.

“Me gustaría decirles que se animen a hacer ciencia, que tengan esa curiosidad y que no sientan que para dedicarse a la investigación tienen que irse necesariamente a otro país o venir de una universidad de una gran ciudad”, expresó.

En ese sentido, destacó que la universidad pública no solamente forma profesionales, sino que también permite descubrir vocaciones y acceder a oportunidades que muchas veces los estudiantes desconocen al comenzar sus carreras.

La becaria doctoral también se refirió a la calidad de la investigación científica argentina y al trabajo cotidiano que realizan docentes, investigadores y equipos de laboratorio para producir conocimientos y participar en proyectos de alcance internacional.

Sin embargo, advirtió que el desarrollo científico requiere condiciones que permitan sostener los proyectos a largo plazo.

“Para que la ciencia pueda crecer necesita inversión, continuidad y oportunidades. No alcanza con tener una buena idea: también hacen falta equipos, formación, recursos y grupos de trabajo que puedan sostenerla”, sostuvo.

Finalmente, alentó a los estudiantes a acercarse a sus docentes, hacer preguntas y explorar las posibilidades que ofrece la investigación. “En Argentina se puede hacer ciencia. Desde nuestras universidades se puede generar conocimiento que aporte al mundo y vale la pena apostar por esa posibilidad”, concluyó.

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