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Mar 7, 2026

Del sueño de Ramón Carrillo a las aulas santiagueñas: formar médicos en la propia tierra

CECOMI, Destacadas

Cada 7 de marzo se conmemora el Día del Médico Santiagueño en homenaje a Ramón Carrillo, una de las figuras más influyentes de la salud pública argentina. Nacido en Santiago del Estero en 1906, Carrillo no sólo dejó una profunda huella en la organización del sistema sanitario nacional, sino también una forma de pensar la medicina ligada al compromiso social y al derecho a la salud.

Más de un siglo después de su nacimiento, esa mirada encuentra una nueva expresión en la provincia: la posibilidad de formar médicos en el propio territorio a partir de la creación de la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de Santiago del Estero. En ese cruce entre historia y presente, la figura de Carrillo adquiere un significado renovado.

UN SANTIAGUEÑO QUE TRANSFORMÓ LA SALUD PÚBLICA
“Ramón Carrillo nació el 7 de marzo de 1906 en una casa cercana a la plaza Libertad de la ciudad de Santiago del Estero. Fue el mayor de once hermanos en una familia vinculada al ámbito educativo y cultural de la provincia. Desde muy joven se destacó por su capacidad intelectual y dedicación al estudio”, detalla Karina Roldán, integrante del equipo Historia UNSE.

Al hacer un repaso por su vida, Roldán recuerda que Carrillo realizó sus estudios primarios en la Escuela Normal Manuel Belgrano y el secundario en el Colegio Nacional, del que egresó en 1923 con apenas 16 años. Como muchos jóvenes del interior argentino de comienzos del siglo XX, debió trasladarse a Buenos Aires para continuar su formación universitaria.

Ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, donde desarrolló una brillante trayectoria académica. Se graduó en 1929 con medalla de oro y orientó su carrera hacia la investigación científica en neurología y neuroanatomía, trabajos que le valieron reconocimiento internacional y la posibilidad de perfeccionarse en centros médicos europeos.

Con el paso del tiempo, desarrolla Roldán, su mirada médica comenzó a ampliarse hacia una preocupación que marcaría su trayectoria: comprender la relación entre la enfermedad y las condiciones sociales de la población. Para Carrillo, la salud no dependía únicamente de factores biológicos, sino también de aspectos como la pobreza, la alimentación, la vivienda o las condiciones de trabajo.

Esa concepción quedó sintetizada en una frase que se volvería célebre: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, los microbios son unas pobres causas”.

ARQUITECTO DE LA MEDICINA SOCIAL
A mediados de la década de 1940, Carrillo comenzó a vincularse con distintos sectores del Estado interesados en modernizar la organización sanitaria nacional. En ese contexto se produjo su encuentro con Juan Domingo Perón, quien en 1946 lo convocó para conducir la política sanitaria del país.

Asimismo, la historiadora puntualiza que “ese mismo año se creó la Secretaría de Salud Pública de la Nación, que luego se transformaría en el primer Ministerio de Salud de la historia argentina, con Carrillo como su titular. Desde ese cargo impulsó una profunda reforma del sistema sanitario a través del denominado Plan Analítico de la Salud Pública”.

Y añade que “entre 1946 y 1954 se desarrolló un ambicioso programa basado en la expansión hospitalaria, la medicina preventiva y la planificación estatal. Se modernizaron hospitales, aumentó significativamente la cantidad de camas disponibles y se integró una red sanitaria con servicios epidemiológicos y centros de atención en distintas regiones del país”.

Al mismo tiempo, la investigadora describe se impulsaron iniciativas destinadas a acercar la atención médica a las zonas más alejadas, como el tren sanitario, unidades médicas móviles que recorrían distintas localidades brindando consultas, vacunación y controles de salud. En muchos pueblos del interior, la llegada del tren sanitario representaba el primer contacto de la población con servicios médicos.

La salud pública, sostenía Carrillo, debía llegar a toda la población y no sólo a quienes vivían cerca de los hospitales.

UN LEGADO QUE VUELVE A LA PROVINCIA
Con el paso del tiempo, su obra fue reconocida como una de las contribuciones más importantes a la salud pública argentina y a la medicina social en América Latina.

Para Santiago del Estero, su legado adquiere un significado particular. Durante décadas, los jóvenes santiagueños que aspiraban a estudiar medicina debían trasladarse a otras provincias como Córdoba, Tucumán o Buenos Aires, lo que implicaba importantes esfuerzos económicos y, en muchos casos, la migración definitiva de profesionales hacia otras regiones.

Esa realidad comenzó a cambiar cuando el 2 de diciembre de 2014 se aprobó la creación de la Facultad de Ciencias Médicas y la apertura de la carrera de Medicina en la Universidad Nacional de Santiago del Estero.

La creación de esta carrera representó un acontecimiento histórico para la provincia, ya que permitió formar médicos en el propio territorio y fortalecer al mismo tiempo el sistema sanitario regional.

Más allá de la apertura de una nueva propuesta académica, la iniciativa expresa una idea profundamente ligada al pensamiento de Carrillo: que el conocimiento científico, el compromiso social y la responsabilidad pública deben caminar juntos.

Formar médicos en Santiago del Estero implica preparar profesionales capaces de comprender las realidades sanitarias del territorio, trabajar en comunidades diversas y asumir la salud como un derecho colectivo.

Recordar hoy a Ramón Carrillo en el Día del Médico Santiagueño no implica solamente evocar a un médico destacado o a un funcionario del pasado. Significa reconocer una manera de entender la medicina como compromiso con la sociedad y con la justicia social.

En Santiago del Estero, esa idea encuentra hoy una continuidad concreta. “La formación de nuevas generaciones de médicos en la universidad pública no sólo fortalece el sistema sanitario de la provincia, sino que también recupera una convicción que Carrillo sostuvo a lo largo de toda su vida: que la salud no puede ser un privilegio, sino un derecho garantizado para toda la comunidad”, destaca Roldán.

En ese sentido, cada estudiante que hoy transita las aulas de medicina en la Universidad Nacional de Santiago del Estero representa algo más que una vocación individual. Representa la continuidad de una historia y la posibilidad de construir, desde el propio territorio, una medicina al servicio de la sociedad.