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Mar 9, 2026

La historiografía de las mujeres: trayectorias, tensiones y redefiniciones

Humanidades, Cs. Sociales y Salud

La Historia de las Mujeres ha dibujado su propia trayectoria, consolidándose como un área de gran desarrollo dentro de la historiografía internacional y como un campo significativo de la disciplina histórica, pese a las dificultades surgidas para su institucionalización. Durante mucho tiempo, la escritura de la historia que los historiadores habían despreciado fue considerada como una producción carente de valor o de calidad. Esta valoración se explica por la persistencia de un discurso histórico sustentado en valores preestablecidos de carácter androcéntrico, eurocéntrico y etnocéntrico, que definieron lo “importante” y lo “accesorio” en el marco de la disciplina, ignorando o desestimando los conceptos, métodos y enfoques que permiten pensar y narrar la historia de otro modo. Aunque en algunos espacios se ha comenzado a reconocer la relevancia de la Historia de las Mujeres, todavía se la concibe como un ámbito “aparte”, una historia sectorial. La creación del espacio universitario europeo podría, en este sentido, propiciar mecanismos de reconocimiento y favorecer su consolidación académica. (Ramos Palomo, 2006)

El desplazamiento historiográfico que amplió el campo de lo político al incorporar al “pueblo” como sujeto histórico no siempre problematizó explícitamente las diferencias de género en el interior de esos sectores. En muchos casos, el sujeto popular reconstruido por la nueva historia política mantuvo un perfil predominantemente masculino. Así, la categoría de “sectores subalternos”, aunque productiva para descentrar la mirada elitista, dejó abiertos interrogantes acerca de la participación política de las mujeres y de las formas específicas en que su acción fue registrada, invisibilizada o reinterpretada por la historiografía. La incorporación de las mujeres al análisis del proceso histórico no constituye simplemente una ampliación cuantitativa del elenco de actores, sino una redefinición cualitativa del concepto mismo de participación política (Ramos Palomo, 2006). En efecto, al modificar el sujeto de la historia también se transforman los límites de lo político y los modos de narrar el nacimiento del orden poscolonial argentino.

La noción de “sectores subalternos” no remite únicamente a una posición socioeconómica, sino a un lugar en la estructura de poder desde el cual se negocian derechos, se disputan espacios de representación y se interviene en la vida pública. En este sentido, la historiografía popular renovada logró desplazar el foco desde las élites hacia los sectores subalternos, pero no siempre problematizó las diferencias de género al interior de esos grupos. Las mujeres aparecen ocasionalmente en los márgenes del relato, vinculadas a la vida doméstica, a la sociabilidad o como acompañantes de procesos protagonizados por varones. Incluso cuando se reconocen márgenes de acción en la sociedad colonial —como los recursos judiciales disponibles o las estrategias matrimoniales— su participación política rara vez es conceptualizada en términos equivalentes a la de los hombres.

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