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11 de septiembre: Día Nacional del Maestro

Sarmiento, Santiago del Estero y el futuro de la educación

Agradecemos la colaboración del Lic. Esteban Brizuela y el Prof. Maximiliano Basualdo, integrantes del equipo de Historia-UNSE.

Viernes 11 de septiembre del 2020

Si una ciudad se define por los nombres que llevan sus calles, espacios públicos e instituciones, podemos decir que Santiago del Estero es una ciudad típicamente  sarmientina. Barrios, calles, plazas, escuelas y bibliotecas llevan el nombre de Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), el político y educador en homenaje a quien se celebra el “Día del Maestro”. 

Por otro lado, si pensamos en el vínculo que políticos e intelectuales santiagueños establecieron con el autor de “Facundo”, en principio aparece la tensa relación que tuvo Sarmiento con los hermanos Taboada cuando aquel era presidente y Manuel Taboada gobernador. 

Menos tensión y más admiración hacia Sarmiento hubo de parte de quien es considerado el fundador de la literatura santiagueña, Pablo Lascano. En su célebre libro, Siluetas contemporáneas (1889) ofrece un retrato intimista y halagatorio del sanjuanino, con quien Lascano tuvo la oportunidad de compartir charlar y comidas cuando estuvo hospedado en el hogar del “Padre del aula”. 

En un posterior texto de despedida titulado “En la tumba de Sarmiento”, Lascano dijo enfáticamente: “Hacer el bien, promover el progreso, iluminar las mentes, engrandecer la patria, fue la fórmula dentro de la cual giraba el pensamiento luminoso de aquel espíritu extraordinario, el mejor ejemplar que la América contemporánea puede ofrecer al mundo”.

Si el fundador de la literatura local escribió párrafos exaltatorios de quien es conmemorado en este día, con más fuerza aún lo hizo uno de los más grandes escritores que tuvo Santiago del Estero y Argentina en el siglo XX: Ricardo Rojas. “El Mataquito” ya a sus 19 años había compuesto su “Canto a Sarmiento”, incluido en su primer libro de juventud: “La victoria del hombre”. Pero este camino recién comenzaba, porque por más de 30 años se dedicó a estudiar la figura de su admirado Sarmiento. De esas décadas de estudio y análisis nace el voluminoso ensayo “El profeta de la Pampa”.  

“Entre los hombres que Sudamérica produjo durante el siglo XIX, Sarmiento es, sin duda, el que más nos asombra, porque une a la intensidad de su pasión, la abundancia de su obra y la repercusión de su influencia”, dijo Rojas. Y agregó: “Sarmiento se creyó un apóstol de la civilización universal en esta parte del mundo y actuó durante medio siglo como si lo fuese”.

¿Qué hacemos hoy, en pleno siglo XXI, con estas referencias tan laudatorios de algunos de nuestros más brillantes intelectuales? ¿De qué manera las podemos tomar actualmente, cuando parte del sentido común de la época lleva a ver a Sarmiento solo como un odiador serial que miraba a Europa y despreciaba lo nuestro? Si es así entonces, si realmente Sarmiento fue un exponente de la peor tradición liberal, ¿qué hacer con él y con nuestra ciudad? ¿Rebautizar las calles, escuelas, plazas e instituciones? ¿Buscar otro día para celebrar el Día del Maestro? Todo puede ser. La Historia es el territorio de la interpretación y la lucha por apropiarse de los lugares de memoria siempre está latente.   

Mientras tanto, en tiempos en que parece que en educación hay que repensar todo nuevamente, es muy potente la imagen sarmientina y su obsesión por la educación. Está claro que hizo muchas cosas para dar impulso educativo a un país en formación y a esa tozudez se debe, en gran parte, la concreción de la Ley de Educación Común, gratuita, laica y obligatoria de 1884.

Un cúmulo de ideas que convergen en un proyecto educativo que se materializa y permite un montón de transformaciones. Así podríamos resumir buena parte de la obra sarmientina. Eso es también lo que hoy necesitamos.    

 

 

 

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