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La docente de la Licenciatura en Enfermería, Ana María del Pilar Domínguez aborda la conmemoración del día Internacional de la Mujer en el siguiente artículo de opinión.

A poco de que se conmemore  la huelga de mujeres del 8 de marzo y con una invasión de miradas feministas heterogéneas en las redes sociales, inundadas de reivindicaciones en pro de una igualdad efectiva de los géneros, que de momento queda lejos de consolidarse, es necesario tomar posición frente a esa colonización de la subjetividad de ambos géneros que implica el patriarcado; pero para ello es necesario redefinir el significado del patriarcado, es importante destacar que el mismo es un dispositivo de poder que se construye como producto social y es transmitido de generación en generación  construyendo subjetividades, tan incorporadas, que lo hace invisible.


Enfermería devenida desde su historia como profesión femenina, no ha escapado de esa subjetividad reforzada en un ambiente  que da órdenes;  que pocas veces escucha;  que infravalora y donde tener criterio propio suena como altanería. Es así como nos instalamos en un marco teórico y utilizamos conceptos, como si fueran los únicos posibles, para conocer, construir la realidad y con esa ideología reproducimos un discurso que lo retroalimenta. Frente a eso, es necesario que las enfermeras como mujeres cuidadoras, tomemos conciencia de esto y nos empoderemos, es decir,  asumirnos  como colectivo y como sujeto político, para romper con el discurso dominante como feminidad y construir su propio discurso profesional.


No es una tarea posible sin resistencias, debido a que cambiar pone en cuestión una maneras de ejercicio de poder y redefine jerarquías,  pero la mayor lucha implica trabajar hacia adentro de cada profesional, analizar su historia personal; salir del pensamiento único, democratizar las organizaciones, aunque el mayor desafío será abandonar la pasividad como construcción simbólica, que nos hace creer que sólo podemos utilizar el poder en beneficio del otro, por sacrificio y obediencia y no para defender nuestros derechos y la equidad en las relaciones profesionales.

Es importante empoderarnos pero no buscar un poder de dominio sino el poder de participación, asumirnos como un colectivo donde si tocan a una, nos tocan a todas y dónde si una crece, crecemos todas (sororidad) Descolonizar  la profesión tal vez implique volver a los supuestos de los pueblos originarios:   En el mundo precolombino, las mujeres no solo eran concebidas como símbolo de fertilidad y mito de creación, sino que además, eran consideradas diosas, guerreras y dirigentes de sus propias comunidades.

Volver a creer en todas, defender el derecho de todas, empoderarnos para participar de la vida colectiva, empoderarnos para empezar a construir hoy la equidad en el ejercicio profesional que soñamos para el mañana, será la mejor manera de conmemorar a las 129 mujeres que nos enseñaron a luchar.

               

 

Por: Ana María del Pilar Domínguez

Prof. Carrera de Lic. en Enfermería

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